1. Y el puesto número uno no podía ser para otro sino para la magnífica idea de vender “agua en la playa”. Una pregunta ¿alguna vez usted ha comprado agua de botellita en la playa? Pues créalo, a una chica muy allegada a mí, se le ocurrió la brillante idea de vender agua en la playa. Y ¿quieren saber a quién se buscó de socio para ese lucrativo trabajo?, ¡claro!, al que escribe estas líneas. Y por razón que su esposo no la apoyó en tan absurda acción, no pude decir que no, ya que ya había hecho el pedido y me dio “cosita” decir algo. La iba a acompañar como fiel amigo a su desgracia, como alguien que acompaña a su amigo a un funeral de un familiar. Lo peor comenzó desde el principio, ya que el carro de ella no le dio la gana prender (ni pendejo que fuera el carro para ir, fue más astuto que yo), así que contratamos los servicios de un taxi. Era jueves de semana santa de un año alrededor del 2004, y de paso amanecí con fiebre, y dolor de huesos, un malestar en general que me pedía a gritos dormir en mi cama. El taxi llegó bien temprano y nos fuimos a la faena a una playa llamada la rosa. El segundo trancazo que me llevo es que la bolsa de hielo para enfriar las botellas de agua (que eran como 300 botellitas de agua) costaba en el lugar 15bs, y para enfriar todas esas botellas de agua eran MUCHAS bolsas de hielo. En fin, decidimos comprar una bolsa de hielo e ir vendiendo deambulante con tobo en mano con las botellitas adentro. La tercera bofetada es que al vender solo 2 botellitas de agua en un recorrido, la vigilancia de la playa nos pide carnet de vendedores ¿carnet? ¿Se necesita carnet?, ah pues no lo tenemos, así que nos mudamos a la playa de al lado, una playa que se llama Quizandal, una playa que todas las personas se llevan hasta el caramelito para quitarse el mal sabor de lo salado del agua de playa por si tragan agua en una de esas fieras olas. Es de esperarse para usted amigo lector o amiga lectora, que escribiré que no vendimos ni la tapita de una de las botellitas. Para poder irnos de ese lugar tuvimos que vender al mayor como 8 cajas de esas botellitas casi a un precio regalado a los kioscos de esas playas y de paso nos llevamos las cajas de botellitas restantes de agua nuevamente a Valencia.
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