Incomprensible es esta vida. La mayoría de las personas quieren tener lo que le es imposible, y luchan hasta contra la naturaleza para realizar sus sueños frustrados. Es impresionante que el estudiante quiere ser ingeniero, pero el ingeniero después que lo es, quiere ser taxista, o como muchas mujeres queriendo verse más jóvenes, envejecen haciendo el dinero para volverse más jóvenes. Las catiras se broncean para ser morenas, las morenas se empatucan la cara de polvo blanco, las pelo lisos se lo enroscan, los flacos se flagelan en un gym para sacar músculos y pare de contar las actividades que esta sociedad realiza por su inconformidad.
Pero lo peor del caso es que no sólo realizamos un esfuerzo sobrenatural para ser lo que no somos. Va mucho más allá. Desde niños vamos creando en nuestra precoz y veloz mente ese modelo de persona que quisiéramos tener como pareja para pasar el resto de nuestra vida en nuestro mundo de irrealidades. GRAVE y profundo error. Con el tiempo, ese pensamiento de persona ideal para nosotros, se va alimentando, hasta el punto de crear un imposible, ya que desconocemos por ignorancia o falta de experiencia (que es lo mismo a ser brutos inmaduros) que el ser humano es un ser imperfecto y con muchos errores.
¿Pero que ocurre?, al momento que conocemos a alguien que medio se parezca físicamente y otro poco en personalidad a ese ser soñado, adoptamos que esa persona encaja perfectamente en el prototipo que ya creamos en nuestra mente. Y estiramos a esa persona tratando de encajarla en ese molde. ¿El amor es ciego?, pues ¡no!, el amor no es ciego. Nos convencemos a nosotros mismos que esa persona no tiene errores, que es exactamente como la pensamos, y que si hay un poco de imperfección, con el tiempo vamos a poder cambiarlo o cambiarla a nuestra conveniencia.
Pero no toda la culpa es nuestra. El noviazgo es la etapa del amor más hipócrita que existe (claro, comparte el escalafón con la actitud que tomamos cuando estamos frente a una entrevista de trabajo). Nos esforzamos para SÓLO mostrar la parte de nosotros que queremos venderle a la otra persona (¿o no me va a decir que de novio se hecha un peo frente a la otra persona?), pero que dista excesivamente de lo que somos. ¡Claro! Tenemos miedo que la otra persona al conocernos tal como somos, nos rechace, y vamos a estar claros, NI LOCO O LOCA se quedarían con nosotros si nos conocen realmente. Así que es una etapa de mutuo acuerdo subconsciente de hipocresía, mentiras y omisiones. Toda una fantasía. Por cierto, fantasía que concuerda con la misma que nos hacemos desde niños. Así que nos volvemos ciegos por elección. Pero toda esa farsa se termina cuando el matrimonio nos devuelve la vista, y cuando recobramos la vista, estamos metidos en TREMENDO paquete chileno. Aquí no puedo decir que nadie nos lo dice, porque todo el mundo nos lo dice a gritos, pero también nos volvemos sordos.
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