martes, 30 de noviembre de 2010

Competencia con desventaja

Un momento para olvidar de un estudiante universitario es aquel cuando se decide a buscar trabajo por primera vez, siendo aún estudiante de semestres bajos. No estoy hablando de buscar trabajo como baby sitter, o de ayudante de albañil, o de semi-slave en una franquicia de comida rápida, ya que para esos trabajos no se necesita 2 años de experiencia continua, excelente presentación personal, zapatos de suela, cinturón de lujo, camisas manga larga, corbata, entre otros. Solo se necesita ser BIEN arriesgado, apretarse el cinturón y aceptar trabajar como burro de carga.

Tampoco estoy hablando de buscar trabajo en la empresa de tu papá, tío, abuelo, etc., ya que el trabajo estaría asegurado y no habría nervios ni nada que se le parezca. También quedan excluidos aquellos puestos que optamos pero con una “palanca” segura, que nos llevaría al puesto sin siquiera atravesar el largo proceso de admisión, que incluye pruebas psicológicas, físicas o médicas, y la tan especial entrevista.

Estoy refiriéndome a aquel trabajo que tiene que ver con la carrera que estamos estudiando y que pensamos seguir en ella hasta la jubilación. Ese puesto de trabajo que nos introduciría en el ramo laboral y que en las mentes más soñadoras, podamos desarrollarnos y ser tomados en cuenta para un futuro ascenso.

Tomamos la decisión de preparar un currículo que a duras penas llevará nuestra foto, datos personales, formación educativa (en proceso), sin experiencia laboral (a menos que se quiera anexar la vez que trabajamos de payasitos, impulsadora de polar, o el que bañaba y sacaba a pasear a los perros de la cuadra), con referencias personales (tu sabes la amiga de mi mamá, el compadre de mi papá, ah y el vecino claro) Y OTRO  recuadro que inventaron no hace mucho llamado “fortalezas” o “capacidades” o “habilidades y destrezas”, en los cuales ahí si nos enfocamos, tirándonos una de Pablo Neruda, expresamos cuantos deseos de superación tenemos, que sabemos manejar el cara´e libro pa´ riba y pa´bajo como las empires, que tenemos buenísima labia con experiencia comprobada en chicas, entre otros.

Lo peor del asunto es que ese currículo competirá quién sabe si con un licenciado o ingeniero, ó en el mejor de los casos con estudiantes también pero terminando la carrera y ya con experiencia en el ramo. Ahora coloquémonos en la posición del gerente de adiestramiento de la empresa para la cual estamos optando entrar (Conste que este artículo no lo escribí con la finalidad de desanimar a los estudiantes). Esta persona va a seleccionar los mejores 5 o 10 currículos para luego realizar las respectivas llamadas para avisar de la cita para la entrevista. Quizás la foto del currículo sea una buena, le pareció interesante la universidad en la cual estás estudiando, y decide llamarte.
Luego llega el momento de la entrevista, pero como hay 5 llamados, te encuentras con los otros 4 en la recepción ó en la sala de espera de la oficina del gerente. En ese momento hay un silencio sepulcral, ninguno mira al otro, quizás la conversación más larga que se tenga es: “buenos días”. En ese momento quisieras traer una bandeja de café con leche pero de magnesia, y así tener menos competencia en el momento, ó le buscas la sonrisa a ver si tienen una caries en medio de la arcada dental (eso te daría mayor seguridad a la hora de tu entrevista) ó algún defecto que ellos o ellas posean.

Lo cierto es que en ese momento te provoca preguntarles que si después de esta entrevista tienen otra, ó en que página Web se puede meter para buscar trabajo, en donde estudia ó de que se graduó ó simplemente suerte a ti también, pero nada de eso fluye en nuestras bocas a la hora de estar en la recepción de recursos humanos, simplemente todos lo piensan ¡nadie lo dice!



jueves, 25 de noviembre de 2010

Acorralados en un monólogo


Cierto día mis compañeros de clases y yo, nos dirigimos a una instancia educativa para realizar un proyecto de investigación. Como la misma naturaleza nos agrupa (como si fuésemos hierro e imán), cada quién elige su pareja de trabajo con la cual se siente más cómodo o ese particular feeling, que te hace pensar que las cosas van a fluir de la mejor manera, y por supuesto, abstenerse de trabajar con ese tipo de personas que se denominan “tóxicas” o que por alguna razón los caracteres son incompatibles, no por la forma de ser, sino por la forma de tolerar. Pero claro está, seguimos siendo un grupo grande subdividido en parejas. Por lo cual se debe manejar la diplomacia y llevársela bien con todos. Esto un universitario en nivel avanzado lo conoce muy bien, por lo que a veces el tolerar se convierte en obligado.

Pues entonces, ese día aleatoriamente cada quién fue llegando, y se iban reuniendo en una especie de plaza improvisada al lado de la dirección del plantel, al llegar, ya algunos compañeros habían llegado y estaban conversando (claro esto es lo que piensa cualquier humano a lo lejos del hecho), pero mientras me acercaba pude observar los rostros de los que allí se encontraban como en un afán de pena ajena, o risa disimulada. Por tanto cuando llegué afiné mi oído a escuchar el tan interesante tema, pero mi decepción fue que no existía tal interesante tema, casi era un monólogo improvisado de una de las compañeras que el público espontáneo con el que contaba estaba como pensando entre sí, ¿Por qué me tengo que calar este discurso de niña fresa?

¿Cuántos hemos pasado por un momento similar?, en el que dada las circunstancias, no podemos escapar de ese momento y como corderos debemos escuchar.

En el momento en el que llegué y me adherí al grupo, no pensé que tenía que escuchar tales problemas existenciales o anécdotas que solo le interesarían a lectores de la revista ¡tú!. Pensando bien, no es  justo que si hay diez personas, sólo una se adueñe del momento y obligue a los demás a oír sus quejas de niña consentida, o picardías de niña mala. Tampoco existía cierta confianza como para decirle muy educadamente “vamos a cambiar el tema”, pero en algún momento si existió el truco de “disculpa un momentito, ¿y la profesora llegó? Cómo preguntándole a cualquiera menos ella, a lo que fue un intento sin resultados, ya que ella misma rápidamente dijo: -no ha llegado, ah bueno entonces ¿Dónde quedé?, ¡ah! Si, y la mañana siguiente no me podía parar…

Todos en ese momento nos veíamos la cara, con sonrisa burlona e irónica de lo que estaba ocurriendo, quizás comentando con las cejas lo malo que era tener que esperar en ese lugar, el único en el cual nos permitían estar hasta que la dicha facilitadora llegara.

Será que ¿no tiene amigos?, ¿Por qué comenta sus cosas a voz populi?  ¿Por qué quiere ser el centro de atención?, todas estas preguntas tienen respuestas, lo que no tiene respuestas es ¿porque no apareció un salvador, un sin dignidad, sin diplomacia y le dijo tal kico al chavo? ¡cállate, cállate que me desesperas!, todos lo pensamos, ¡nadie lo dijo!.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Ls cápsula de silencio

Tenemos que admitirlo, el ser humano es posesivo y territorial. Y no estoy hablando a nivel macro y de gobiernos, ya que eso no hace falta mencionarlo porque se sobreentiende que es así, y ya la historia nos recuerda personajes como Bonaparte, Bolívar, Hitler, Chávez (nótese que son personajes de distintas épocas, distintos ideales y metas), pero en este casa quiero hablar de la gente de a pié, las personas que nos rodean y hasta uno mismo.

Nos pasamos la vida marcando el territorio, claro está, no utilizamos la estrategia del olor del orín, como lo hacen los canes, ni tampoco las enredaderas de las serpientes que otros animales ni se atreven a atravesar con excepción de las águilas, pero sí, ¡es verdad!, utilizamos subconscientemente estrategias más sofisticadas para que todos se enteren que ESTO ES MÍO. O no se han preguntado ¿porque en un lugar público una mujer no se le despega a su novio, marido o whath ever del brazo cuando el tipo está bien bueno?, porque es su manera de decir este hombre es míiiio, mío mío al mejor estilo de Alejandra Guzmán (se me acaba de caer la cédula). O ¿tiene necesidad un hombre de agarrarle el trasero a su niña bonita en público cuando tiene todas las noches para hacerlo en privado?, pues no tiene necesidad, solo que quiere dejar ver que ese trasero le pertenece a él. ¿tontería? Quién sabe, cada quién dará su opinión, el hecho es que nos fascina marcar nuestro territorio.

Me he sentido muy incómodo en algunas casas que he visitado ya que otras personas (por suerte no las que me han invitado a ese lugar) me hacen sentir que es su casa y no la mía. ¡Pero por supuesto que es tu casa! Yo no he venido a invadírtela, es más ya me voy. ¿No les ha pasado?, tosen duro, arrastran los pies, andan sin camisa, ponen música a alto volumen, y hasta hacen comentarios extraños.

Ahora bien, ése es el lugar de confort de las personas, sus casas, su carro, su oficina, su clase, su puesto de buhonero, sus amigos, sus novios, su mamá, su jefe, su facebook. Ahora bien, ¿que ocurre cuando no nos encontramos en nuestro lugar de confort?, según algunos (esto me lo dijo jun profesor de música de bachillerato) en la casa blanca de Washington, en el despacho del presidente, las sillas de los invitados, son inclinadas pero hacia adelante, y muy incómodas, ya que al estar adelantado hacia el presidente, se duplica el nerviosismo y la seguridad de las personas que allí se encuentren. Cierto día estaba recibiendo clases privadas en un grupo selecto, y estábamos formados en semi-círculo, pero el profesor estaba muy cerca a mí (yo estaba en todo el medio del semi-círculo), y yo inconscientemente trataba de arrimar la silla un poco hacia atrás, otro poquíto, y otro más. Luego me enteré que todos tenemos hasta un espacio imaginario a la redonda en el espacio que nos rodea y que nuestra mente cree que le pertenece. Así que, más de una vez tenemos que compartir ese lugar con otros así no lo queramos. Un lugar a la cual tenemos que entrar y compartir así sea por 15 segundos, es el ascensor. Es un lugar inhóspito, las personas no saben que hacer, miran hacia arriba, hacia abajo, a las esquinas, mantienen el silencio, sacan su celular así sea para hacer cuentas locas en la calculadora del mismo. Yo nunca me he enterado que una pareja se haya conocido en ascensor. Que un hombre o una mujer le haya dicho al otro que le diga su nombre o algo así. Además voy a ir más allá, cuando vamos en compañía de alguien que conocemos, cuando esperamos el ascensor, y tenemos una conversación, cuando llega y lo abordamos, el silencio aborda con nosotros, y al llegar a planta baja, ó al piso de destino, la conversación vuelve a surgir (esto no aplica para las parejas). En el ascensor nos sentimos tan cohibidos, tan incómodos, tan inseguros, tan asfixiados, que el silencio nos invade, nos apremia y finalmente, nos deja sin palabras.

La cápsula del silencio nos mantiene callados, quizás todos tenemos ideas brillantes, genialidades, un buen chiste, pero todo eso lo reservamos para cuando salimos de ahí. Todos lo piensan ¡nadie lo dice!, porque esa cápsula del silencio nos pone un tirro en la boca.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

El taxista sordo

Cierto principio de año, me dirijo con mi esposa, mis dos hermanos  y sus parejas a la playa, considerando que era el último día del asueto navideño y por lo tanto la playa y las vías iban a estar despejadas. Pues tal novatos resultamos ser, que desde que salimos del Terminal para tomar el autobús hasta Pto. Cabello hubo cola para todo. Cola para comprar en la panadería, cola para preguntar donde se toman los buses, y por supuesto la grandísima cola para esperar montarse a la deseada camioneta que nos llevaría a Pto. Cabello.

Sin más drama, finalmente logramos abordar el autobús y por supuesto la cola que daba ganas de devolverse, pero que carrizo, ya no había marcha atrás,  es como cuando vas por la mitad de la carrera que aunque no te guste es mejor darle hacia adelante así nunca ejerzas esa profesión, o cuando te vas a casar y en medio de tu llegada al altar, te pones a analizar en que lío te estás metiendo, pero ya después de haber gastado tanto dinero en casa, muebles, fiesta y demás, ya no te puedes ir de allí, ya tienes que decir que sí, además está el poco de gente que vino a tu fiesta y entre otras cosas, está la novia con todo su aparataje, maquillaje, latonería y pintura que te hace creer que si vale la pena. Pues entonces no puedes retroceder.

Una hora después llegamos a Pto. Cabello (viaje que por lo general dura 30 minutos) y nos dirigimos a tomar “el rapidito” que consiste en un taxi que de Pto. Cabello a La Rosa (la mejorcita de las playas carabobeñas) toma de 10 a 15 minutos. Para empezar no conseguimos rapiditos, así que paramos un taxi y cuadramos la carrera (nos pareció un poco costoso pero debido a que era la única opción, que pensamos ésa era la causa del precio que luego supimos porque, lo tomamos sin pensarlo mucho.

¡La soberana y más grande cola que en mi vida he estado! Y no estoy mintiendo, ahí están los otros que lo pueden corroborar. Ahora por un momento póngase en mi lugar. 6 personas más el chofer en un viejo malibú a las aproximadamente ya 8  o 9 de la mañana en un caliente día costeño. Era el infierno en miniatura, en mi caso particular se me dificultaba pasarme la mano por la frente para secarme el sudor por lo apretado que íbamos, una fusión de incomodidad, sed, hambre, calor y por sobretodo desesperación por llegar.

Si todo esto les parece ya un barranco, pues no han terminado de leer este relato, ya que existía un elemento cual guinda que decora el pastel, que se trató de la música que escuchaba dicho taxista. No era una música que le guste a un grupo minoritario, no es una música que alguien razonal a esa hora de la mañana y bajo esas circunstancias le guste escuchar. Se trataba de un  CD de un dj pirata de mini teca que contenía una changa trance  que en mi mente retumbaba a GRAN volúmen como un “puquiti puquiti puquiti, tum, tum, chacachachacha” o algo así que solamente se utiliza por 30 minutos en una discoteca para que la gente sude un poquito y se cuadre la noche, ó en las conocidas fiestas rave que para poder soportarlas, los participantes utilizan éxtasis u otras drogas, porque para decir verdad, un ser humano racional y en sus cabales, no lo hace.

Al principio me decía para mis adentros, falta poco, ya esta cola se desatrancará, luego me decía, el bendito CD ya se va a acabar, pero nada de eso ocurría, luego me decía bueno los de adelante como que les gusta la musiquita porque no dicen nada, y al final me resigné a que algún espontáneo, alegre, héroe,  sincero, activo o arriesgado le dijera al taxista que apagara el perol por favor, pero nunca ocurrió, todos lo piensan ¡nadie lo dijo!.  Este elemento musical multiplicó por diez el calor, incomodidad, sed y desesperación de salir de ese vehículo.

Introducción

En este blog comento muchas ocasiones en las cuales yo y los que se encuentran en la misma situación conmigo, hemos querido decir lo que realmente sentimos, pero para no convertirnos en enemigos de esta sociedad, hemos tenido que callar y aguantar a tales personas que son tan insoportables como lo que dicen.