Un momento para olvidar de un estudiante universitario es aquel cuando se decide a buscar trabajo por primera vez, siendo aún estudiante de semestres bajos. No estoy hablando de buscar trabajo como baby sitter, o de ayudante de albañil, o de semi-slave en una franquicia de comida rápida, ya que para esos trabajos no se necesita 2 años de experiencia continua, excelente presentación personal, zapatos de suela, cinturón de lujo, camisas manga larga, corbata, entre otros. Solo se necesita ser BIEN arriesgado, apretarse el cinturón y aceptar trabajar como burro de carga. Tampoco estoy hablando de buscar trabajo en la empresa de tu papá, tío, abuelo, etc., ya que el trabajo estaría asegurado y no habría nervios ni nada que se le parezca. También quedan excluidos aquellos puestos que optamos pero con una “palanca” segura, que nos llevaría al puesto sin siquiera atravesar el largo proceso de admisión, que incluye pruebas psicológicas, físicas o médicas, y la tan especial entrevista.
Estoy refiriéndome a aquel trabajo que tiene que ver con la carrera que estamos estudiando y que pensamos seguir en ella hasta la jubilación. Ese puesto de trabajo que nos introduciría en el ramo laboral y que en las mentes más soñadoras, podamos desarrollarnos y ser tomados en cuenta para un futuro ascenso.
Tomamos la decisión de preparar un currículo que a duras penas llevará nuestra foto, datos personales, formación educativa (en proceso), sin experiencia laboral (a menos que se quiera anexar la vez que trabajamos de payasitos, impulsadora de polar, o el que bañaba y sacaba a pasear a los perros de la cuadra), con referencias personales (tu sabes la amiga de mi mamá, el compadre de mi papá, ah y el vecino claro) Y OTRO recuadro que inventaron no hace mucho llamado “fortalezas” o “capacidades” o “habilidades y destrezas”, en los cuales ahí si nos enfocamos, tirándonos una de Pablo Neruda, expresamos cuantos deseos de superación tenemos, que sabemos manejar el cara´e libro pa´ riba y pa´bajo como las empires, que tenemos buenísima labia con experiencia comprobada en chicas, entre otros.
Lo peor del asunto es que ese currículo competirá quién sabe si con un licenciado o ingeniero, ó en el mejor de los casos con estudiantes también pero terminando la carrera y ya con experiencia en el ramo. Ahora coloquémonos en la posición del gerente de adiestramiento de la empresa para la cual estamos optando entrar (Conste que este artículo no lo escribí con la finalidad de desanimar a los estudiantes). Esta persona va a seleccionar los mejores 5 o 10 currículos para luego realizar las respectivas llamadas para avisar de la cita para la entrevista. Quizás la foto del currículo sea una buena, le pareció interesante la universidad en la cual estás estudiando, y decide llamarte.
Luego llega el momento de la entrevista, pero como hay 5 llamados, te encuentras con los otros 4 en la recepción ó en la sala de espera de la oficina del gerente. En ese momento hay un silencio sepulcral, ninguno mira al otro, quizás la conversación más larga que se tenga es: “buenos días”. En ese momento quisieras traer una bandeja de café con leche pero de magnesia, y así tener menos competencia en el momento, ó le buscas la sonrisa a ver si tienen una caries en medio de la arcada dental (eso te daría mayor seguridad a la hora de tu entrevista) ó algún defecto que ellos o ellas posean.
Lo cierto es que en ese momento te provoca preguntarles que si después de esta entrevista tienen otra, ó en que página Web se puede meter para buscar trabajo, en donde estudia ó de que se graduó ó simplemente suerte a ti también, pero nada de eso fluye en nuestras bocas a la hora de estar en la recepción de recursos humanos, simplemente todos lo piensan ¡nadie lo dice!
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