La siguiente historia me la contó una querida amiga. Con esto me di cuenta que no sólo yo paso por situaciones en las cuales la educación nos empuja al sufrimiento.
Era el 4to semestre de la carrera actual cuando en una asignatura, los integrantes del salón tuvieron que realizar un viaje a cierto lugar. Relativamente todas eran recién conocidas y no existía esa confiancita como para decir las cosas o imponer términos (por cierto, esa disciplina que es muy común en ellas, hablando en general, en la cual utilizan la manipulación y otras técnicas para lograr su cometido). Esto me hace llegar a la conclusión, y muchos me darán la razón, que las mujeres al principio, como un gato que ves en la petshop, se ve tranquilito, bonito, que no rompe un plato y además inofensivo, que pueden tolerar y que se conforman con cualquier cosa, pero que basta que lo compres y te lo lleves a casa, para que comiences a observar la verdadera historia, esa que no te comentó el vendedor, que el gato se va cuando le da la gana, que no hace caso, que te rompe los cojines y a veces los cojones, que hurga en la basura, que te mea la ropa sucia y de paso QUE SACA LAS UÑAS. Pues así que no te confíes cuando veas a una chica toda bella, amable e inofensiva. Pues ésta amiga que me comenta esta historia me tiene que hacer la acotación "estábamos conociéndonos" ¿porque? Simplemente porque no hubiese ocurrido lo siguiente sí ya tuviesen confiancita. Continúo entonces.
El grupo terminó de realizar su investigación en el primer día y llegó la hora de dormir. Una Habitación de dos literas albergaría obviamente cuatro personas. Así que cuatro chicas se situaron en su lugar y listo hasta el otro día (bueno esto era en el libreto lo que tenía que ocurrir).
Una de ellas no pudo cumplir con su agenda de dormir sus 8 horas ya que para ella el aire acondicionado estaba muy alto, ya que para comenzar sufre de sinusitis y el aire acondicionado es letal. Además que realmente se estaba muriendo de frío. Su cobija no era lo suficientemente gruesa como para darle la protección necesaria. Al principio pensó en bajarle al aire. Pero ¿que iban a pensar de ella? ¡Una dominante en Potencia!, luego pensó, no mejor hablo con ellas y les digo que sí puedo bajarle al aire. Pero al final silenció su mente y decidió sacrificarse esa noche y meterse aún debajo de las sabanas del colchón para no molestar a las otras. Terrible decisión. Al día siguiente amaneció super mal con su padecimiento, añadiendo también fiebre alta y malestar. Con todos esos síntomas no pudo seguir disfrutando del viaje y se tuvo que quedar en el hotel. Cuando sus amigas le preguntan que fue lo que pasó, y ella les describe la noche anterior, aparecieron los testimonios del resto de las compañeras de cuarto.
¡Todas querían apagar el bendito aparato! Ninguna se sentía cómoda con el aire entumecedor. Pero una vez más reinó el glamour y el silencio en el momento menos indicado. Todas querían decirlo, ¡pero ninguna lo dijo!










